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FESTIVAL GNAWA D'ESSAOUIRA. Article de Mingus B. Formentor

Data de publicació: 12/09/2008

Sólida entrada del Festival Gnawa de Esauira en su segunda década de vida

A algunos de sus responsables, ignoro si a todos, parece encantarles que para referirse al Festival Gnawa de Esauira el New York Times se haya descolgado con la muy mediática fórmula "rebautizarlo” como el Woodstock de los Tiempos Modernos. Esa formulación de marketing me parece del todo innecesaria -a la par que demasiado gratuita y desinformada, ajena por completo a la realidad- cuando lo que se tiene entre manos es uno de los festivales de música popular mas vivo, enraizado, abductor y estimulante del planeta. No les hace la menor falta alinearse como plato de segunda mesa a una épica-Woodstock demasiado lejana en el tiempo y en la realidad del planeta-música-popular en este preciso momento.


El festival Ganwa de Esauira ya cruzó un par de rubicones nada fáciles para cualquier festival, y no les digo nada si lo ubican en tierras de África y se halla centralizado en un género musical muy y muy específico, el gnawa marroquí. Ese par de fronteras naturaesl a las que me refiero son haber cumplido ya los diez años y acoger ya una audiencia estimada en medio millón de disfrutaciones. Sólo con que fuesen la mitad, ya bastaría y sobraría. Y esa segunda década que recién acabamos de estrenar confirma con todos los pronunciamientos a favor los muy positivos análisis que ha venido suscitando de forma generalizada desde su nacimiento. Sigue primando el concepto, la calidad artística y las ideas. Con tales mimbres no es nada previsible que pueda descarrilar de momento su muy brillante trayectoria. Hay, por lo demás, un aspecto no demasiado recalcado sobre la cita en La Bien Diseñada, La Bien Dibujada, que eso es lo que significa el nombre árabe de la antigua Mogador. A saber, que es mas que un festival (y nadie quiera ver en la formulación un síndrome perverso de un segudor futbolístico barcelonista).

Sumergirse en el Festival Gnawa de Esauira no es simplemente acercarse con plena seguridad a un puñado de buenos conciertos, a alguna que otra propuesta inédita y arriesgada que va a dejarte una dulce peladilla rodando por la cabeza durante meses, incluso a algún puñado de momentos órficamente mágicos. Estar en Esauira durante su Festical Gnawa es palpar e impregnarte del sentido curativo e intercomunicativo de la música popular, un master que se toma de balde, que no precisa matriculación, que no se halla sometido a numerus clausus y que dejará entre quienes asistan efectos irreversibles y en sumo grado deseables.  Es toda una vivencia con mayúsculas, musical, cierto, pero también vital y estética en general.

¿Balance artístico de la décimoprimera edición? Ajustado al promedio, aunque la verdad sin méritos de excelencia, algo que en un certamen con su nivel proverbial no resulta frontalmente recriminable. En mi opinión, el punto débil del certamen han sido  los artistas world invitados, donde sólo destacaría las aportaciones de Hassan Isbassaïd (un amazig profundamente familiarizado con la música gnawa) y la muy curiosa y comunicativa intervención del dúo argentino Fermín Juárez y Nelson Javier Silva, que se lucieron a la gaucha manera con sus boleadoras en una gran exhibición de ritmo, compás y circo. El segundo flanco mal defendido, la gran estrella jazzística invitada. Wayne Shorter se mueve a las mismísimas antípodas de lo que exige un diálogo sólido y bien tramado con el repertorio gnawa y cualquiera de sus maâlems, de modo que se ha vivido un serio contraste artístico entre el paso de su cuarteto por Mogador y el que tuviera no hace demasiado años atrás, por poner un punto de referencia racionalmente equiparable, Joe Zawinul.

¿Y los puntos fuertes, las cimas artísticas de la edición 2008 del Festival Gnawa de Esauira? Pues las brillantes actuaciones del pelotón de maâlems que suelen flirtear con la excelencia -Hamid El Kasri (una voz en verdad excepcional), el joven Saïd Boulhimas (parece enorme el futuro que se le abre en los próximos años) o Abdeslam Alikane (poroso como pocos ante los diálogos con otras fuentes musicales)- y un par de grupos invitados que hoy por hoy ocupan posiciones de preeminencia en el desfronterizado territorio de la world music, el korista maliense Toumani Diabaté (quien debe ser contemplado ya como un verdadero clásico, un gran maestro indiscutible) y Bassekou Kouyaté (quien a pesar de su ya extensa trayectoria, anda mostrándose en calidad de estrella emergente, una de las más seductoras del planeta, desde la presentación de su N'goni Ba en el Festival Du Desert de Essakane en enero de 2007). Acaba de arrancar la segunda década del Festival Gnawa de Esauira. Con sólo mantener su estándar deberemos seguir hablando de un festival francamente sobresaliente. Si se afina algo mas en determinadas elecciones, amenaza con acabar mereciendo la matrícula de honor.

 

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